Pregón (haz clic para leerlo entero)
Si tuviera que elegir
un momento solamente
de mi vida cofrade,
así, sin más, de repente
yo sería costalero
con un caminar valiente
respetando por supuesto
al hermano penitente.
Si tuviera que elegir
y el pregón así lo advierte
una voz que con el mando
y el son que ello requiere
me despierte los sentidos
que en otoño languidecen…
Yo elegiría sin duda
la voz de Martín, potente
gritando al cielo en San Marcos…
¡Venga de frente, valiente!
Porque sólo así se activan
los resortes del creyente,
y los pasos cobran vida
y hasta huelen los claveles
cuando la Cena levanta
los costeros como siempre.
¡Que no hay mejor oración!
¡Que se olviden de las preces!
¡Que en San Marcos hay un Cristo
con un compás diferente!
Un compás anestesiado
por el pellizco y el duende,
por la fe de su cuadrilla,
por el amor de su gente
que se van muriendo a chorros
por mucho que el paso apriete.
Son la gente de la Cena
los que han escrito las leyes
que hoy siguen a rajatabla
esos hombres obedientes.
Son gente humilde y sencilla
que sea martes o miércoles
llegando de madrugada
a casa todas las veces
van escribiendo la historia
-aprobando los deberes-
de un oficio muy antiguo
aunque ahora esté vigente.
¡Costalero de la Cena!
¡Qué suerte tuve! ¡Qué suerte
de ser uno de vosotros
y desear que el Lunes llegue
para sacar a la calle
con esos sones alegres
un misterio donde Dios
dejó su Cuerpo presente!
¡Es mi gente de la Cena
costalera desde el vientre.
Que quien nace costalero
costalero es como muere
porque dio su vida abajo
sea patero o sea corriente.
Aprovecha costalero
que tu tiempo va a ser breve.
Que igual mañana te sales,
que igual mañana no puedes
dar tu vida por entero
con tesón, compás y temple.
Ve despacio, costalero,
paso a paso, lentamente,
ve forjando tu futuro
pero siempre ten presente
que es por Cristo y por María,
por su Pasión y su Muerte
por quien crujen tus costados
cuando aprietas bien los dientes.
Ay, mi gente de la Cena…
el del Cáliz imponente.
El Señor de Ortega Brú,
que en la magia de su mente
instauró la Eucaristía
ante un sol de atardeceres.
Ese mismo que te mira
con esa mirada ausente.
Ese Cristo que te ahoga
cuando al fin eres consciente
que es su sangre lo que entrega
en el vino que ahora bebes.
¡Costalero de la Cena!
Estoy deseando que llegue
la tarde del Lunes Santo,
molía al hombro y demuestre
que en San Marcos hay un Cristo
con un compás diferente…
Y aunque ya lleve corbata
de negra seda silvestre…
Aunque ahora con mis broncas
Alguna vez desesperes…
¡No te olvides que es envidia!
¡La impotencia que uno siente!
¡Un querer y no poder
que en la Cena quiero ser…
costalero para siempre!
José Vegazo Mures (2016).